Cuando era chica soñaba con trabajar en una oficina, tener una casa grande, una pileta...
Soñaba con viajar por todo el mundo, conocer esos lugares que se ven inalcanzables...
Pero mi mayor sueño siempre fue tener una casa desde donde poder ayudar a la gente de la calle. Y si me lo preguntas, hasta el día de hoy es un sueño que me encantaría cumplir.
A medida que vamos creciendo vamos tomando un camino que nos lleva a cumplir esos sueños. Estudiamos una carrera, nos mudamos, tomamos decisiones.
Hacemos cosas que nos hacen felices, que nos llenan el corazón.
Por esos sueños somos capaces de dejar todo y a todos. Capaces de dejar a mama por un tiempo, capaces de no dormir con tal de aprovechar todo el tiempo.
Sin embargo, muchas veces por cosas de la vida, nos encontramos caminando por un camino que nos lleva en dirección contraria a ese sueño que tanto anhelamos cumplir.
Nos encontramos tan encerrados en cosas que no nos llenan el corazón que terminamos ignorando esa promoción en los pasajes de avión. O ignoramos a esa mujer que esta en la calle y lo único que pide es un poco de atención.
Y si, a veces no hay otra opción que renunciar a esos sueños.Pero, tranqui! No tiene que ser por siempre.
A veces, es solo necesario posponer. Y en algún momento retomar eso que te hace tan feliz.
Tomate un segundo para ver si lo que estas haciendo te acerca a cumplir el sueño que tanto anhelas, si el camino que estas caminando te lleva a tu destino.
Y si no es así, arriésgate! Toma la decisión que te va a cambiar la vida.
Pega la vuelta y empieza de nuevo!
Seguí esa carrera que tanto te gusta. Busca ese trabajo que te hace feliz. Corre abajo de la lluvia!
Y sigue soñando...
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